lunes, 16 de julio de 2012

APLAUSOS DE HARINA Y LATAS DE TESOROS


Os presentamos a nuestra Oma (la de gafitas) y su hermana Loti ("Carlota" en alemán). 
De rojo, nuestra hermana Nina, y de amarillo... ¡nosotras!

La historia de Carlota's se remonta, en realidad,  a nuestra tradición familiar, que pasa de madres a hijas desde hace muchos años. Desde muy pequeñitas, en Adviento (cuatro  domingos antes de Nochebuena) ayudábamos a hacer galletas para regalar a la familia y a los invitados, preparábamos un pastel y encendíamos una velita de las cuatro que están colocadas encima de la corona de Adviento. 

¡Siempre recordamos con cariño esos domingos! Solíamos ir a casa  de nuestra oma, nuestra abuela alemana. Después de comer nos reuníamos en la cocina en torno a una laaaarga mesa de mármol y nos disponíamos unas al lado de las otras, madres e hijas. En aquella época las básculas eran de pesos, no como las de ahora… eso sí, ¡muy  precisas! En ellas pesábamos cuidadosamente todos los ingredientes y los disponíamos en boles.   

Primero poníamos sobre la mesa  la harina formando una montañita  y haciendo un agujero en medio a modo de volcán, y en el centro colocábamos el azúcar y la mantequilla. Luego empezábamos a amasar la mezcla con nuestras pequeñas manos. Para evitar que se nos pegara la masa, nuestra oma nos mandaba coger un poco de harina… ¡y aplaudir con las manos! ¡Clap, clap, clap! ¡Aplausos de harina! 

Una vez formada la masa, con la ayuda de nuestra mami, la extendíamos con un rodillo y la recortábamos con un molde, poníamos las galletas en latas de alumino y las colocábamos en el horno. Sabíamos que estaban listas porque a los diez minutos, mientras charlábamos tomando nuestra tacita de té, empezaba a salir del horno un olor dulce de galleta que impregnaba toda la casa. Mmmm… ¡galletas! 

Una vez hechas las poníamos encima de una rejilla y las dejábamos enfriar, las rellenábamos con la mermelada y las hacíamos rodar por el borde en un plato de azúcar. ¡Unas de nuestras preferidas eran las de frambuesa! Luego las guardábamos en latas para conservarlas hasta que tuviéramos todas la variedades que solíamos hacer. Y después, nuestra mami tenía que esconder las latas en lugares estratégicos o cerrar el armario de la despensa con llave… porque si no, cuando llegaba el último domingo  de Adviento ¡¡ya no quedaba ni una!!  

En nuestra familia gran parte de nuestra vida ha girado en torno a la cocina: los grandes momentos, las decisiones, las buenas y malas noticias…  Seguimos con nuestra tradición, enseñando a nuestros hijos Pau, Júlia, Alex, Claudia, Nicole y Joseph, y aún hoy, nuestro principal centro de reunión sigue siendo la cocina. ¡Porque un lugar de donde salen tantas cosas ricas siempre es un buen lugar!



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